(este artículo lo podréis leer en el diario "La verdad" el sábado 15 de enero en la columna de la academia de ciencias):
¿Qué es la bolsa? .En 1827 Robert Brown observó el comportamiento aleatorio de partículas de polen disuelto en agua. ¿Por qué esas partículas no se detenían?, ¿ Por qué no se estabilizaban definiendo un movimiento predecible?. Brown llegó incluso a creer en la posibilidad de que estas, tuvieran vida propia. Pero la explicación era más sencilla: Las partículas de polen eran bombardeadas continuamente por las moléculas del líquido.
El símil con la bolsa es inmediato: cada partícula de polen es una acción de bolsa y las moléculas de agua son las personas que actúan sobre ella.
Si una acción (partícula de polen) va a subir o bajar su valor depende del comportamiento impredecible de las personas (moléculas de agua).
El matemático David X. Li, creó una formula en 2000 para modelar riesgos complejos con gran flexibilidad y facilidad. Su fórmula fue aceptada por todos, desde inversores en bonos a los distintos reguladores, pasando por los bancos de inversión y las agencias de rating. Su fórmula producía tal cantidad de dinero, que menospreciaron “la letra pequeña” que acompañaba a la fórmula milagrosa.
David X. Li pasó de escuchar su nombre para recibir el nobel de Economía a encontrarse perdido en su China natal y deshecho por lo acontecido estos últimos años.
¿Cómo puede una fórmula poseer este poder destructor? La respuesta es simple, porque a los inversores les gusta el riesgo, siempre y cuando lo puedan cuantificar y ponerle precio. Los inversores odian la incertidumbre, que es aleatoriedad con probabilidades desconocidas, pero estuvieron abiertos a una fórmula que cuantificaba riesgos basándose en correlaciones imposibles de medir. Los avisos de la comunidad científica internacional al respecto no se tuvieron en cuenta. Paul Willmott (Londres) escribía en 1998 que buscar correlación entre cantidades financieras resultaba ser un proceso muy inestable y que ninguna teoría podría montarse sobre parámetros tan impredecibles.
Darrell Duffie (Standford) predicó en los bancos de inversión americanos las limitaciones de la fórmual de Li. Sin embargo quienes debieron frenar las inversiones no entendieron de limitaciones en una fórmula con la que estaban ganado mucho dinero al mismo tiempo. En el mercado de CDO se usó la fórmula de Li para auto-convencerse de que no había riesgo en absoluto con las hipotecas basura. Cierto en el 99% del tiempo, pero el 1% restante llegó y los mercados explotaron.
M. Mandelbrot aseguraba que existen tres clases de aleatoriedad:
suave, lenta y salvaje, como los tres estados de la materia (sólido, líquido y gas) y precisamos utilizarlas. Analizar las matemáticas detrás de las finanzas es labor del matemático, también es su obligación el tratar de que se entiendan mejor por quien las use.
Las instituciones financieras deben seguir diseñando productos para cubrir riesgos y venderlos a un precio justo. Los gobiernos deben de ajustar sus regulaciones. Los matemáticos debemos salir de nuestros despachos y tratar de ayudar a sofocar este desastre. Sin vincular acción y conocimiento no
saldremos del atolladero, estamos en él por no escucharnos. Sobran los iluminados y falta rigor, transparencia y conocimiento.
José Orihuela.
domingo, 9 de enero de 2011
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