"Toma el vaso y le tiemblan las manos, apestando entre humo y sudor, Se agarra a su tabla de naufrago, volviendo a su eterna canción" . Y es cuando decide que esa canción que, "sabe a derrota y a miel", será la última vez que la toque, porque, "aunque siempre haya borrachos con babas, que le recuerden quien fue, él ya decidió dejar de ser aquel viejo perdedor, "el más joven maestro al piano, vencido por una mujer".
Y cuando entona con los primeros acordes, sabe que ya no hay marcha atrás, todo lo que ha empezado acaba, pero no todo lo que acaba, vuelve a empezar.
Y mientras toca se mira las manos, esas manos que tantas raices cortaron, entre las dedos puede ver, unas notas mudas, que no suenan, muchas blancas y algunas negras, de una bonita canción. Pero él sigue aferrado a la suya, escuchando lo que ella le dice: "Toca otra vez viejo perdedor, pues haces que me sienta bien, es tan triste en la noche tu canción, que tu derrota, me sabe a miel ".
Pero el pianista, que como buen músico vive de las emociones sabe, que no importa que una de tus vidas muera, que esa canción termine, porque significa que vas a vivir otra nueva y, quien sabe, si esa canción que ahora empieza, tenga el estribillo que buscaba, que resuene en las paredes de la cueva donde ahora vive, para la eternidad.
Y un servidor se despide hasta la semana que viene, pues me voy de viajes varios a seguir empezando canciones nuevas. Un recuerdo desde donde estoy, un saludo desde donde estaré
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